Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2007.

Closer

Poecinema

Closer

(para Jannet)

Yo lo sé

Tú lo sabes

Que esto pasaría

Que mis manos no son más que hielo

Calentándose en tu cara

¿Por qué tuvo que ser tan fácil?

Amarte no es mi afición favorita

Y sin embargo, tengo tus labios para esta noche

Pero sabes bien

No puedo apartar mis ojos de ti

No puedo apartar mis ojos de ti

No puedo quitar mi mente de ti

Y ya estoy amado a otra

La ciudad es tan inmensa

Como una cajetilla de cigarrillos

Jugamos a ser perros y amos

Despertando en llanto por las madrugadas

Hay una lista de muertos

Por donde se pasean los que nos amaron

Pero sabes bien

No puedo apartar mis ojos de ti

No puedo apartar mis ojos de ti

No puedo quitar mi mente de ti

Y ya estoy amando a otra

No puedo apartar mi mente de ti ....

No habrán héroes en las camas

Ni lágrimas que rompan los espejos

Sólo siluetas moviéndose en la lluvia

Buscando miradas perdidas

No puedo apartar mis ojos de ti...

Y ya soy otro

 

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13/05/2007 02:13 Autor: josefranciscoramos. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

2046 - tren 2

2046  -Tren  2

  “¿A dónde iré?  ¿ A quién llamaré?

Si bien esas ideas le venían a la mente, no eran suyas. 

    Era la voz de la nieve.”                                                   

Nieve . Yasunari Kawabata 

Luego de mirarte a los ojos me devolviste una sonrisa bastante triste para tu preciosa cara. Ésta vez, tu piel era más amarilla y tus labios más carnosos que nunca. Supe que todo aquello era un sueño, porque las cortinas del cuarto en el que estábamos  comenzaron a disgregarse  en arena blanca que fue cubriendo el  frío piso. La cama en la que reposaba mi delgado cuerpo era completamente blanca, al igual que las paredes, la puerta  y una pequeña silla vacía pegada a la ventana. Tú estabas a mi lado. Pero no me tocabas . Ni yo tampoco.  No sé por qué te cuento estas cosas.  Hace tres años que te fuiste. Y sin embargo, sigo sintiéndome el mismo perro husmeando en los recuerdos. Te digo la verdad : alquilé esta habitación para vernos por última vez. Sí, lo confieso. Todavía te amo. Sé que no me harás caso. Pero no importa, es año nuevo  y ahora estamos en  la habitación 2047 de esta ciudad repleta de hoteles.  

Pero en aquel sueño, tú  me hablabas cerrando los ojos y yo no podía oír tus palabras. Sólo ver cómo tu pelo se abalanzaba sobre mi nariz. De pronto te levantaste, estiraste tus brazos hasta tocar la puerta. Algo jaló con fuerza tus piernas. Me miraste con dulzura y  te fuiste dejando un olor a hierba sobre mi nariz. Me dejaste solo. La puerta se cerró. Sentí  un frío muy intenso en la espalda. De repente, las paredes se cubrieron de nieve. Todo alrededor adquirió un color gélido. Grandes copos de nieve caían sobre las sábanas, la almohada y mi cuerpo. Mis ojos no podían cerrarse. La puerta volvió a abrirse, pero esta vez una mujer alta y desnuda cruzaba el umbral. La mujer que entraba en mi reino era completamente bella. Un cabello muy largo cubría su rostro y parte de sus senos. Su desnudez era embriagadora. Se sentó en aquella silla de espaldas a mí y comenzó a mirar por la ventana. Estaba mirando un cielo completamente blanco y un mar completamente blanco también. Su hombros parecían de yeso y sus nalgas  se dejaban caer apretadas al blanco metal de la silla. El pelo ensortijado, húmedo , negro. ¿Sería por fin tu regalo?  ¿Sabías que todas las noches que dormimos juntos en tu pequeño taller, yo pensaba en ella?. La había imaginado una y otra vez, y  al fin, tú me la habías traído. Sí, era tu regalo. Siempre lo supe. Y  ella estaba ahí, delante de mí, sentada mirando hacia la nada.

Dejé de observarla por unos segundos, pensado en ti, en nuestra primera noche, agotados de placer en el frío piso, pero calientes al fin. Era pleno Mayo y la neblina se colaba entre nuestras piernas. Nada hubiese podido detener nuestros movimientos,  porque toda la naturaleza estaba conectada a nosotros. Eras como una luciérnaga iluminando profundidades marinas. En cambio, ella estaba  tan lejana  y a la vez tan dispuesta. Se levantó lentamente. Su cabello era una maraña de destellos. La veía venir. Sus pasos apenas opacaban el aliento del hielo en el piso. Avanzaba hacia mí de una manera extraña. Algo la detenía , algo la frenaba, pero ella luchaba por llegar a mi lado. Estiraba sus brazos como llamándome.  Logré ver bien su mano derecha. Era una mano hermosa con dedos muy delgados. Se sentó en la cama, muy cerca de mí. No lograba ver su rostro. Su exuberante cabello caía en grandes ondas, cubriendo inclusive sus firmes  pechos. Me concentré en sus caderas, parecían hechas de mármol, tenían un brillo especial. Para mí era como si todo el mundo proviniese de ellas. Empecé  a sentir mucho vértigo.  Entonces, acercó su cabeza. Ella olía a rosas. A rosas frescas cortadas por el tallo, acuosas, pasionales. Pero muertas. Muertas. Me di cuenta cuándo al hablarme en un idioma para mí desconocido, su gélido aliento congeló mi oreja rompiéndola al instante. ¿Podría esta vez amar a una muerta?  ¿Se rompería todo mi cuerpo después de haberla poseído? Si la amaba, mi cuerpo terminaría en pedazos que ya  nadie podría unir. Y a pesar de que todo era un sueño, la imagen de verme muerto en miles de pedazos no la habría soportado mi frágil mente. Tú tampoco habrías unido mis partes, de eso estaba seguro. Me habías regalado una muerta. Opté por mirarla. Una y otra vez. La miraba. Sólo la miraba. Como se mira agua fría en medio del desierto. La miraba, la miraba. Pero no podía ver su cara.  En un momento pensé en agarrar uno de sus senos, sin importarme perder una de mis manos. Pero al observar mi oreja congelada y partida, me puse a pensar en que ya no podría coger más tu cuerpo. Y eso me paralizó. Aun en mis, sueños te seguía amando más que a nadie. Te preguntarás entonces por qué no te llamé antes. Por qué aún sabiendo de que no te encontrabas bien, no fui en tu ayuda. No te imaginas todo el dolor que provocaba tu ausencia y, al mismo tiempo, todo el dolor que provocabas en mi mente.  Por eso elegí esta habitación de grandes ventanas. Para contarte mi sueño y decirte adiós al fin. Sería perfecto, que alguna máquina o fármaco pudiese borrar nuestros recuerdos más dolorosos. Como en esa película, en donde te sometían a una máquina capaz de borrar de tu memoria a las personas que alguna vez amaste, para así,  poder estar libre y amar, amar  lo que venga. No lo niego, alguna vez fuimos felices, pero sólo eran pequeños resplandores dentro de una pequeña caja negra. Ahora me es imposible encontrar las ventanas, encontrar una salida donde lanzar todos nuestros recuerdos. Me doy cuenta de que en esta habitación no hay fuentes de aire.   Es extraño. He terminado de contarte mi sueño, pero aún siento mucho frío en el cuerpo. Y ese viento gélido soplándome en la oreja .... 

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13/05/2007 16:45 Autor: josefranciscoramos. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

2046 - tren 1

2046 – tren 1

“Al escribir así, persiguiendo mis recuerdos, a menudo

 me asalta una inseguridad terrible.

¿No estaré olvidando la parte más importante?

¿Acaso no existe en  mi cuerpo una especie

de limbo de la memoria donde todos

los  recuerdos cruciales van acumulándose

 y convirtiéndose en lodo?

Tokio Blues. Haruki Murakami  

“Todos los recuerdos son ríos de lágrimas”

2046. Wong Kar Wai

No he vuelto a limpiar ningún libro desde  que ella se fue. El polvo que ahora cubre las páginas de la mayoría de libros que leíamos juntos y de los cuales nos basábamos para escribir mil historias, delata mi cansancio, mi aburrimiento.  Y mientras escribo esto, no puedo evitar una sonrisa y hasta una carcajada al acordarme de sus pies desnudos moviéndose rápidamente por todo el cuarto. No guardo ninguna imagen suya,  tener fotos me parece cursi y prefiero  cantar su nombre, porque así, de tanto repetirlo, puedo reconstruirla en el espacio, cada vez de una manera diferente. Pero me preocupa, he empezado a olvidarla. Siempre me hablaba de su novio extranjero y de lo mucho que lo extrañaba. Tenía la esperanza de que algún día vendría a recogerla y llevarla por fin a su país. Nunca se debe dejar lejos a una chica. La encontré llorando, un viernes, en una cabina telefónica, dando golpes al auricular. Luego de caminar dos manzanas, se desató la lluvia. Ya no podía distinguir sus lágrimas, pero pude sentir sus manos empujándome con furia. Casi reventándole el tímpano,  le dije que parecía  un ángel, lucifer bajo la lluvia. Volvió a golpearme.  Dos días después, yo estaba en mi cuarto recargado de trabajo. Me pedían que escribiese más historias criminales, con navajas, engaños y mujeres fatales. Que guardara mi romanticismo, ahí, debajo de la almohada. En la revista me pagaban poco por cada hoja escrita, así que debía de apresurarme. Ella husmeaba entre mis libros preferidos, hablándome de los autores que más le gustaban.

Descubrí que su voz era preciosa y que se expandía lentamente, hasta hacer vibrar las hojas sobre las que escribía mis cuentos.

Esa madrugada, mientras yo dormía soñando con aviones de chocolate y niñas de pies pequeñitos, ella completó mis dos cuentos inconclusos.  Aquella mañana el olor a nicotina y café embriagaban las cortinas de la ciudad. En la revista dijeron que estaba mejorando, que le había dado un giro a mi estilo.

Desde ese día, le pedí que me ayudara a escribir más cuentos. Llegaba a la hora de la cena, justo a tiempo para preparar el café y yo untaba tomate en el pan con unas gotas de aceite de oliva que tanto le gustaban. A veces, sólo tomaba una ducha y salía fresca con la toalla de turbante. Otras, simplemente se sentaba a fumar. Siempre intentó evitar la rutina. Cuando yo me dormía, ella se esmeraba aun más en escribir y completar los cuentos. También conversábamos sobre el futuro: Ella estaría en París, muriéndose de frío, pero feliz, escribiendo “Les Oranges d’ Automne”  su primera y última novela. Yo estaría en una calle de Hong Kong filmando mi primera película. Mientras fumaba mi tercer cigarrillo, después de un año de abstinencia, supe que aquel invierno sería el mejor en  muchos años.

Un día,  encontré una pequeña hoja escrita y dibujada, al pie de mi cama. Me sorprendió ver a dos personajes con gorrita y bufanda tomados de la mano. Debajo de los dos dibujos, podía distinguirse su nombre y el mío.  Muchas flores dibujadas alrededor enmarcaban la siguiente nota : 

“José es lindo,  a él le gusta decir mi nombre mientras duerme, le he pillado varias veces. No se lo dirás a nadie verdad?  

Guardé la hoja en un cajón donde escondía mis secretos. El corazón lo sentía más que nunca, y al mirarme en el espejo no pude evitar una sonrisita bastante cómplice. Abrí las ventanas. Dejé que el ruido de la mañana y el frío entrasen porque quería compartir mi alegría con el mundo. Comencé a pensar con mucha ilusión en el futuro. Por esos días, compré un video de un cantante desconocido. La canción se llamaba ELEPHANT y era bastante temperamental. Aquella canción me hacía pensar mucho en ella. Así que le regalé el video y ella lo ponía una y otra vez en el sufrido DVD. Me di cuenta de que ya no iba más a esa esquina a intentar llamar por teléfono a su novio, ni que se encerraba más de una hora a llorar en el baño. Empezamos a salir. Íbamos juntos al teatro, a la inauguración de alguna muestra, y por supuesto al cine. Afortunadamente a ella también le comenzaron a gustar  las películas de terror japonesas. A mí me encantaba cuando en la pantalla aparecía aquella mujer saliendo de un pozo y ella cogía con fuerza mi mano. Había empezado la primavera.

Pero una noche llegó feliz. Su novio había llegado por sorpresa después de siete horas de vuelo. Había venido a despedirse porque tenía que llevarlo a conocer la ciudad y el taxi esperaba  abajo.   Acercándome lentamente hacia ella, mirando fijamente sus ojos de café, y aún descalzo, le extendí aquella nota en la que estaban dibujados nuestros nombres.

- Ja! , lo había olvidado , quería escribir un cuento sobre ti y sobre mí ... es sobre el futuro, en un lugar dónde nada cambia... lo terminas?

Nunca le dije que en algún momento   el corazón se tuerce y empieza a bombear en un orden distinto y a colores. Ni que  el sonido que producían sus uñas sin cortar en la fría losa del baño  era lo que más amaba en las mañanas.

Nunca le agarré sus hombros de nieve. Ni respiré sobre su cuello. Nunca le dije algo tierno. O quizá sí, ya no lo recuerdo. Estoy empezando a olvidarla y eso me preocupa.

Ahora miro por la ventana y la veo partir en medio de una lluvia que moja también mis mejillas. Cierro los ojos. No. Eso no basta. Tengo que recoger toda esta lluvia.

 

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20/05/2007 18:56 Autor: josefranciscoramos. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.


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